Dador secreto
Para Christopher, un veterano de guerra físicamente discapacitado, las actividades cotidianas se habían vuelto más difíciles, le llevaban más tiempo e incrementaban su dolor. Sin embargo, hacía todo lo posible para servir a su esposa e hijo. Los que pasaban lo veían empujar una máquina para cortar el césped todas las semanas.
Visión renovada
Después de una cirugía menor en mi ojo izquierdo, el doctor recomendó hacerme un examen de la visión. Confiadamente, me tapé un ojo y pude leer todo bien, pero al cubrir el otro, me sorprendí… ¿cómo no me di cuenta de que estaba tan ciega?
Trabajar juntos
José trabajaba más de doce horas al día. Comenzar una organización benéfica exigía tanto tiempo y energía que le quedaba poco para dedicar a su esposa y sus hijos cuando llegaba a su casa. Cuando el estrés crónico terminó enviándolo al hospital, un amigo se ofreció a organizar un equipo para ayudarlo. José accedió a confiar en su amigo —y en Dios— y delegó responsabilidades al grupo de personas que escogieron juntos. Un año más tarde, admitió que la organización y su familia jamás habrían podido prosperar si él hubiera rechazado la ayuda que Dios le había enviado.
Surfear las olas
Mientras mi esposo caminaba por la playa tomando fotos, me quedé sentada sobre una roca, preocupada por otra complicación médica. Aunque mis problemas me estarían esperando cuando regresara a casa, necesitaba paz en ese momento. Me quedé mirando las olas que rompían contra las rocas y me llamó la atención una sombra oscura en la curva de una ola. Con el zoom de mi cámara, identifiqué la forma de una tortuga marina que surfeaba las olas en paz. Tenía las aletas desplegadas y quietas. Con el rostro hacia la brisa salada, sonreí.
El chal púrpura
Mientras cuidaba a mi madre en un centro de tratamiento contra el cáncer a cientos de kilómetros de mi casa, pedí a la gente que orara por nosotras. Con el paso de los meses, el aislamiento y la soledad me dejaron sin fuerzas. ¿Cómo podía cuidar a mi mamá si caía en un agotamiento físico, mental y emocional?
Seguro y tranquilo
Mi hijo Xavier era un pequeño lleno de energía que no se quedaba quieto. Por la tarde, eso solía terminar en una indeseada pero muy necesaria siesta. Entonces, se contoneaba en su silla, se bajaba del sofá, gateaba por el piso de madera e incluso rodaba por todo el cuarto para evitar la quietud. «Mamá, tengo hambre… tengo sed… tengo que ir al baño… quiero un abrazo». Como yo sabía que le haría bien descansar, lo abrazaba; y reclinado junto a mí, se dormía.
Enciende la luz
Cuando mi esposo y yo nos preparábamos para mudarnos al otro extremo del país, queríamos asegurarnos de permanecer en contacto con nuestros hijos ya adultos. Encontré un regalo especial: lámparas que se conectan de forma inalámbrica por internet, que se pueden encender desde lejos. Cuando se las di a mis hijos, les expliqué que se encenderían cuando yo tocara la mía, para recordarles con esa luz que los amaba y oraba por ellos. Por más lejos que estuviera, la luz se encendería también. Aunque sabía que nada podía reemplazar nuestro tiempo juntos, nos alentaríamos al saber del amor y las oraciones cada vez que se encendieran.
El vivo retrato
Durante una salida, nos encontramos con una mujer que conocía a la familia de mi esposo desde que él era niño. Miró primero a Alan y después a nuestro hijo Xavier, y dijo: «Es el vivo retrato de su papá. Esos ojos, esa sonrisa. Sip. Igual a él». Mientras disfrutaba de reconocer semejante parecido entre padre e hijo, incluso observó similitudes en sus personalidades. De todos modos, aunque son parecidos, mi hijo no refleja exactamente a su padre.
Fe inquebrantable
Cuando los médicos diagnosticaron que su primer hijo era autista, Diane y su esposo lamentaron tener que enfrentar toda una vida cuidando a un niño intelectualmente minusválido. En su libro Unbroken Faith [Fe inquebrantable], ella admite haber tenido que luchar con reajustar sus sueños y expectativas por el futuro de su querido hijo, pero que así aprendió que Dios puede manejar su enojo, dudas y temores. Ahora, con su hijo ya adulto, Diane usa sus experiencias para alentar a padres con hijos con necesidades especiales, hablándoles de las promesas inquebrantables de Dios, su poder ilimitado y su amor fiel, y asegurándoles que Él comprende que uno se entristezca ante tales desafíos en la vida.
La adoración como estilo de vida
Mientras esperaba en la fila para el desayuno en una conferencia cristiana, un grupo de mujeres entró al salón. Sonreí y saludé a la que se paró detrás de mí. Luego de saludarme, dijo: «Yo te conozco». Mientras nos servíamos, tratamos de recordar dónde nos habíamos visto. Yo estaba bastante segura de que me había confundido con otra persona.